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Viernes, 28 Junio 2019 12:12

HABLEMOS DE DOLOR (segunda parte)

Como comentamos en el artículo anterior, existen varios tipos de dolor que podemos sufrir. En este caso, haremos una aproximación al abordaje del dolor crónico, dado que es el más complejo y el que requiere un tratamiento más multidisciplinar.

Lo principal en casos de dolor crónico, es asumir que uno mismo asuma el control de su dolor: existen muchos profesionales que puede ayudarnos en el camino, pero somos nosotros mismos los que tenemos el poder del tratarlo o eliminarlo. Por lo tanto es importante rodearse de buenos profesionales, pero de la misma manera, no depender de ellos.

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Dichos profesionales, deben dar respuesta a todas nuestras preguntas. Es fundamental que el tratamiento que prescriban tenga sentido para nosotros, y los objetivos deben ser consensuados por ambos: terapeuta y paciente. El dolor es algo muy personal y debemos confiar en la persona que nos acompañará en el proceso.

Afrontamiento al dolor

Normalmente, en un primer encuentro con el dolor, solemos afrontarlo de una de las siguientes maneras: de manera activa, intentando comprender el problema, continuando con la actividad aunque de manera adaptada, siendo positivos y teniendo paciencia, o de manera pasiva, evitando la actividad, descansando, y esperando a que alguien nos ayude.

Obviamente, para poder afrontar el dolor de manera activa, es necesario conocer la fisiología del dolor para que nos ayude a afrontarlo y manejarlo. Por esta razón, actualmente, la mayoría de profesionales tienden más a “recetar” un afrontamiento pasivo (reposo, medicación,…) , aunque no siempre sea este la mejor opción (los profesionales suelen ser demasiado prudentes…)

Relación con el dolor

Para acabar, plantearemos los dos tipos de relación que podemos tener con el dolor una vez nos topamos con él: evitarlo o enfrentarnos. Ambos resultados acaban con el dolor como ganador de la partida, y con una persona con dolor crónico y con muy bajo nivel de actividad.

Si evitamos el dolor, se producirá un deterioro gradual, que es lo que pasa en la mayoría de los casos de personas con dolor crónico. Lo que sucede es que dejamos de realizar aquella actividad que nos ha producido el dolor, a pesar de que nos guste y nos aporte cosas positivas, volviéndonos más sensibles a ese estímulo, y finalmente, nos resultará imposible realizarla.

Si, en cambio, intentamos enfrentamos a él, tratando de continuar la actividad, ignorándolo, y sin ningún tipo de adaptación, éste aumentará y disminuirá, pareciendo que mejora, pero finalmente aumentará hasta ser insoportable y quedaremos derrotados. 

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Por lo tanto, no hay que evitar el dolor y dejar de hacer la actividad, pero tampoco continuar o incrementar la intensidad pensando que ya nos acostumbraremos, porqué no será así. Nos hemos de enfrentar pero tomando ciertas precauciones…

Ambos patrones conducirán a una limitación de la actividad y del sentido de la vida.

Butler, D. S. y Moseley, G. L. (2013). Explicando el Dolor. 2ª edición. Noigroup Publications

 

Alba Gutiérrez - fisioterapeuta
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